El viaje hacia mi VBAC

Por: Yammy López 

“Hasta ese momento todo lo pude manejar, excepto pujar la cabeza. Sentía como me quemaba, les decía a todos “dejala ahí, yo pujo después…”, me sentía sin fuerzas, pensé que no podía lograrlo. Pero ahí mi esposo me abrazo y me dijo las palabras que necesitaba “mi amor ya llegaste hasta aquí, tu puedes, yo voy a ti, te amo…”

Esta historia comienza hace poco más de tres años, cuando me enteré que estaba embarazada. En este entonces desconocía tanto acerca del proceso de embarazo y crianza. Lo que para mí era correcto y normal se trataba de cesárea y alimentar con fórmula. En mi vida había visto una mujer de mi familia dando el pecho. Ya me había acostumbrado al refrán de “si tu mamá fue cesárea, tu también tendrás que ser cesárea”. Casi al final del embarazo fue que comencé a buscar más información acerca del parto y el proceso. Pero ignoraba aún la realidad de las cosas pues estaba totalmente convencida de que iba a parir a mi hija. Pues mi embarazo había sido uno completamente saludable, era mi primera hija….¿porqué no iba a poder parir? Un jueves, en mi cita de las 36 semanas el doctor me realiza un pélvico, donde me indica que ya estaba en 1cm y me dice “nena si ya tu estas ready para parir…”. ¡Yo ilusionada con parir y primeriza al fin estaba feliz!!! Pensaba que mi bebé era como un bizcocho que a cierto tiempo podía sacarlo del horno. Por lo cual accedí a una inducción para el próximo martes ya que iba a tener las 37 semanas recién cumplidas y la bebé iba a ser “full term”.

Desde el día antes ya había comenzado el proceso, ya que no podía ingerir nada de alimentos. Al día siguiente llego al hospital y comienzan con los protocolos hospitalarios de sueros, enemas y cytotec. Me pusieron alrededor de tres dosis de la pastilla y cada vez que verificaban la cervix no había progreso. Solo llegué a 4cm de dilatación y me rompieron las membranas. Recuerdo como dos de las enfermeras se trepaban encima y con sus antebrazos amasaban mi barriga y apretaban para que la bebé bajara. Pero cada vez que hacían eso, yo sentía como la bebe subía. Además de que sentía como el doctor cada vez que me hacía un pélvico, era realmente un “stripping”. Cuando llegó la tarde de ese día 14 de enero de 2009 el doctor vino a donde mí a ofrecerme la cesárea debido a que no hubo progreso de dilatación y ya había pasado unas cuantas horitas que había roto fuente (6 horas aprox). Sentí como se me derrumbó el mundo, mi sueño;  ese momento que se supone que deba ser el más único y especial en la vida de una mujer.

A pesar de todo, traté por mucho tiempo en solo pensar que sucedió lo mejor para mí y mi bebé, que lo importante es que estaba conmigo y con bien. Aún no lograba entender el porqué. Luego de  este proceso que comencé a asistir a grupos de apoyo de lactancia y tocaban este tema fue que comencé a preguntarme cada vez más acerca de lo que había sucedido. ¿Pude haber parido? La interrogante que logré contestar hace poco. Comencé a buscar más información, a unirme a grupos de apoyo de cesáreas, buscar una comunidad con mi mismo sentir. Me ayudaron a entender que SI se puede parir después de una cesárea, que mi cuerpo es perfecto y que tenía que autoevaluarme para sanar esa cicatriz emocional. Hasta que quedé embarazada, llegó la hora cero, el momento de aplicar todo lo aprendido. Comencé mi proceso de embarazo atendiéndome con un doctor. Iba a apoyarme para tener mi VBAC, pero con muchas restricciones. Si bebé venia “breech”=cesárea, si latidos disminuyen=cesárea, si desarrollo alguna condición=cesárea o si llego a las 39 y no había nada de progreso =inducción y probablemente cesárea. Desde entonces comencé a dudar, no me sentía cómoda. Sabía que con sus restricciones y el hospital donde trabajaba no lo iba a poder lograr. Aun estando con el atendiéndome decidí hacer un tipo de “dual care”. Donde me iba a atender con una partera, excelente ser humano. Me entrevisté con ella y evaluamos muchas opciones, y lo que íbamos a hacer era que ella me iba a atender a partir de la semana 35 y así seguía con ella para el parto en casa.

Pero luego de que todo estaba “set”, cambiaron los planes. Familia militar al fin, no iban a dejar venir a mi esposo a PR para el parto. Estaba entre la espada y la pared. Tenía que decidir si seguir en PR estudiando, tener mi tan anhelado VBAC en PR sin mi esposo o irme a los EU, dejar mis estudios, estar consciente de que iba a estar sola con las dos nenas (con más razón necesitaba parir). Pero estando en EU, él se iba a poder disfrutar todo el proceso de embarazo y podría estar conmigo en el parto. Lloré mucho al tomar la decisión ya que después de saber que iba a poder lograr mi VBAC en casa estando en PR, todo lo que imaginé lo vi derrumbarse. Ya que sabía que iba a un lugar desconocido a comenzar de cero mi búsqueda. Pero aun así, ¡me arriesgué!!!

Desde antes de viajar ya había comenzado a buscar y localicé un grupo de parteras para dar a luz en birthing center. Acá en el estado de Illinois hay muchas restricciones. Todo iba muy bien hasta que las parteras comenzaron a insistir en que tenía que vacunarme contra el Flu. No respetaban mi decisión final de que no quería. Comenzaron a decirme luego de los sonogramas que mi bebé era muy grande, que lo pensara mejor la idea del VBAC. Me obligaron a ver a su doctor back-up, pague $150 por esa visita de 3 minutos. Donde la doctora ni siquiera me miró a los ojos, no me tocó y no escuchó los latidos de bebé. Solo miró el record, vió que era VBAC. Me habló de todos los contra del VBAC. Solo al final me dijo: “pues mucho gusto, si no logras dar a luz yo soy la que te va a hacer la cesárea”. De ese mismo grupo de parteras que eran 4, comenzaron a atenderme otras. No me sentía cómoda rotando con diferentes personas y cuando pregunto el porqué, me indican que uno nunca sabe quien me me vaya a atender en el parto, además de decirme ese mismo día que no tenían garantía de que el birthing center pueda utilizarlo ya que solo tenían dos cuartos. Y esa fue la gota que colmo la copa…comencé mi búsqueda por otro proveedor.

Conocí a una partera. Esta única mujer que cuando hable con ella, lloró conmigo. Me consoló y lo primero que me dijo fueron palabras de aliento y que ella confiaba en mi cuerpo, pero yo también debía confiar en mí. Todo cambio, era un ambiente muy holístico. Respetaba cada una de las cosas que yo quería. No hacía nada sin pedirme permiso primero.

El día martes 14 de febrero a las 11pm comencé a botar el tapón mucoso. ¡Celebré!, ya que se que es parte del proceso y mi cuerpo estaba trabajando. En mi cita anterior me habían indicado que estaba en 2cm  y 50% de borramiento, pero la bebé estaba alta. Por lo tanto pensé que todo iba para largo. Luego en la madrugada del miércoles comencé con unas punzaditas en el útero, me asusté mucho y llamé a mi doula. Ella vino rapidito y estuvo conmigo desde ese momento. Ahí pude decir al fin, sentí una contracción. Comenzaron a hacerse más corridas, pero no era algo que no pudiera soportar. Llegó la mañana y las contracciones cesaron, pensé que se detuvo el proceso. Me frustré un poco. Pero mi partera que me llamaba a cada rato, estaba súper tranquila diciéndome que el VBAC es un maratón. Mi útero me estaba dando descanso para luego seguir. Me insistía en que me fuera a dormir, pero yo terca al fin no quería. Las contracciones se espaciaron a cada 40 minutos aproximadamente y me duraban 30 segundos. Luego cuando llegó la noche del miércoles comenzó el maratón nuevamente. Las contracciones volvieron a ser cada 15 minutos pero un poco más fuertes. Seguía junto a mi doula quien me ayudó en todo el proceso, dándome masajes, relajándome y recordándome en todo momento RESPIRAR. Que mucho se me olvidaba y solo me trincaba. Desde ese momento vi como todos mis planes cambiaron. No quería que mi hija me viera, no quería nada de música, no quería olores, no quería entrar a la piscina….solo quería estar sentada en el inodoro. Así pasé la mayoría de las contracciones, de vez en cuando entraba al agua para relajarme, pero me salía rápido. A todo esto, seguía botando el tapón mucoso, pensé que tenía alrededor de 15 corchos allá adentro. Hubo un momento en que me toqué allá abajo y sentí la bolsa. De momento me asusté pues pensé que algo iba mal y aún la partera no llegaba pues estaba en otro parto que casi estaba terminando. Ella llegó justo a tiempo, tres horas antes de que naciera la bebé. Todos querían que bebé naciera en el agua, menos yo. Yo quería quedarme en el inodoro, pero insistieron tanto que me fui a la cama. Allí comencé a pujar, reconozco que fue en ese momento cuando sentí un dolor fuertísimo. Nada comparado con las contracciones. Hasta ese momento todo lo pude manejar, excepto pujar la cabeza. Sentía como me quemaba, les decía a todos “dejala ahí, yo pujo después…”, me sentía sin fuerzas, pensé que no podía lograrlo. Pero ahí mi esposo me abrazo y me dijo las palabras que necesitaba “mi amor ya llegaste hasta aquí, tu puedes, yo voy a ti, te amo…” En ese momento saqué fuerzas de no sé donde y comencé a pujar fuerte hasta que salió la cabeza. Qué alivio sentí, tanto que iba a sentarme y casi aplastaba la cabeza. Luego dí un último pujo para que saliera el cuerpo.

Realmente no lo podía creer: PARI A MI HIJA. Lo que tanto soñé, se volvió realidad. ¡Lo logré!. No tuve que utilizar batas azules de hospital, mi esposo estuvo conmigo en todo momento, pude comer cuanto quise, pude hacer de todo (inclusive entre contracciones eché ropa a lavar y secar), todo lo hice a mi tiempo, sin prisas, no me separaron de mi bebé, le cortaron el cordón umbilical tan pronto dejó de latir, y quien orgullosamente lo cortó fue su padre y su hermanita mayor. Siento que esta experiencia vale la pena. La  felicidad es inmensa y la diferencia de mi primera experiencia es del cielo a la tierra. Ha sido una experiencia única, muy mía, una experiencia transformadora que unió a mi familia aún más. Ya que ambos luchamos por esto, el me apoyó y el proceso lo hicimos nuestro. Fue NUESTRO proceso desde que concebimos a nuestra hija y siguió siendo NUESTRO proceso al final, cuando la trajimos al mundo junto a las personas que escogimos que estuvieran junto a nosotros. No una sala llena de personas desconocidas sin empatía ante el parto.

Sí hay que luchar con garras y dientes desde antes de quedar embarazadas, empaparnos de información hasta el final. Educarnos y orientar a nuestra pareja o a esa persona que vaya a estar con nosotros. Conseguir una doula que nos apoye; yo reconozco que sin mi doula no lo hubiera logrado. Ya que hubo un momento en que pedí las llaves para irme al hospital. Lo único que deseo de corazón es que cada mujer pueda pasar por una experiencia tan placentera, bella, única y especial como la pasé yo. Ya basta de Inne-cesáreas, de inducciones y violaciones obstétricas. El cambio está en nosotras, luchando y apoderándonos de nuestros embarazos. ¡No permitamos que nos traten como enfermas!!

Un pensamiento en “El viaje hacia mi VBAC

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s