Nuestro parto de amor

El parto de una mamá adoptiva

Por: Sasha Lugo 

“En ese mismo momento ella nos mira y nos dice: “Entonces, ¿quiéren conocer a sus hijas?” Acto seguido, se abre la puerta con las enfermeras que traen a dos ángeles llorando porque les habían despertado de su sueño y las colocan en nuestros brazos.(…) Como Dios es así de magnífico, ellas se calmaron tan pronto sintieron el calor corporal de su mamá y de su papá.”

Cada parto tiene su lado gris y su lado rosa. El mío no quedó atrás. Nunca he podido concebir físicamente, pero estuve embarazada por 10 años y parí. He aquí mi historia de parto…

Luego de 3 años de noviazgo, nos casamos un 8 de abril de 2001. Tenía 20 tiernos  años y mi esposo 24 primaveras. Nadie nos obligó, fue una decisión movida por convicción y por amor. Sabíamos que pasaríamos pruebas y necesidades, pero jamás pensamos que el tema de los hijos sería el primordial entre ellos.

A mis 21 años y a un añito de casada, fui diagnosticada con endometriosis severa. En ese momento la recomendación médica cambió todos nuestros planes.  Mi esposo y yo nos encomendamos a Dios y decidimos tratar  la condición con fármacos más accesibles y sin evitar la concepción de hijos. Sonaba muy sencillo, ¿verdad? La realidad no fue así. A través de los años la endometriosis provocó la intervención de 4 médicos diferentes, 2 operaciones, mayor deterioro de mi sistema reproductor, desastre en mis hormonas y lesiones físicas irreparables. ¿Embarazos? Cero. ¿Intentos? Múltiples.

Ser mamá pasó a ser de un anhelo a una obsesión. Orábamos todas las noches para que Dios nos regalara el milagro de la paternidad/maternidad. Lloraba cada vez que las pruebas caseras y de sangre decían NEGATIVO.

Como no lo  lográbamos, mi médico decidió referirme a un especialista en fertilidad. A mis 26 años, me encontraba realizándome baterías de exámenes costosos y dolorosos. Un nuevo cuadro salió a relucir: la endometriosis había dañado irreparablemente uno de mis órganos reproductores y físicamente no podría concebir. Llorosos  y angustiados, nos dimos a la tarea de trabajar con nuestro infertólogo y luego de pasar por  2 largos años para preparar mi cuerpo, mis emociones, nuestra fe y nuestras finanzas, nos sumergimos al mundo complicado de la fertilización in vitro.

Luego de dos meses de oración y tratamiento, el viernes 17 de julio de 2009, nos tocaba hacernos la prueba de embarazo de sangre. Durante todo ese tiempo estuvimos convencidos de que el tratamiento finalmente había resultado porque mi cuerpo y mi corazón lo creían así. Luego de 8 años de haber leído lo que eran síntomas de embarazo, finalmente sentía que los tenía casi todos.

Súper emocionada al fin, convoqué a mis grandes amigas a que nos acompañaran al laboratorio con cámaras para fotografiar cada momento: la llegada, la lectura del resultado, lo quería todo.  Tomé el resultado y con muchos nervios, miré a mi esposo, a mis amigas y lo abrí: NEGATIVO. Mi cuerpo y mi corazón me habían engañado. Los medicamentos habían provocado los cambios en mí, no un embarazo. No tengo mayores recuerdos de ese día, el dolor bloqueó la mayor parte de ellos. La caída fue muy dura y la herida muy profunda. La fe se fragmentó, me sentí olvidada por Dios. Era una sombra andante. Nos tomó meses de recuperación y oración para levantarnos y buscar dirección en Dios sobre lo qué deberíamos hacer.

Mi esposo me dio la divina respuesta: él simplemente deseaba que fuéramos padres. Así es que los nombres de “papá” y “mamá” que  a inicios de nuestro matrimonio vimos como una opción para cuando tuviéramos nuestros “propios hijos”, pasó a ser la mayor fuente de emoción y convicción que habíamos tenido en todo esos largos años del embarazo de nuestra fe: la adopción.

En febrero del 2010 nos orientamos para comenzar los largos procesos que conllevan la adopción. Sí, dije LARGO. Una y otra vez nos tuvimos que entrevistar con diferentes profesionales, agencias de adopción en Puerto Rico y Estados Unidos y agencias gubernamentales que buscaban el mínimo detalle para determinar si estábamos cualificados o no para ser padres. Laboratorios médicos, estados de cuenta, biografías, historial familiar, entrevistas a familiares y vecinos, estudio de nuestra casa, cartas de recomendación, en fin demasiados documentos que caducaban cada cierto mes.

Al año de habernos certificado como familia pre-adoptiva, tuvimos que hacer una pausa porque estábamos emocionalmente drenados. Nuestra oración estaba perdiendo fuerza y la ansiedad nos carcomía. Justo a dos meses antes de tomarnos las vacaciones, nos tocaba renovar nuestros certificados médicos. Sin saberlo, aquel martes mi esposo se encaminaba hacia la persona que Dios utilizaría para cambiar el resto de nuestras vidas. La doctora que le atendió para hacer los referidos le pregunta para qué son los análisis y  al escuchar su respuesta,  ella lo miró  y le mencionó que supo del nacimiento de unas niñas dadas para adopción, pero que ya habían sido llevadas por  la agencia  de adopción.  La institución era precisamente la agencia de adopción con la que recién estábamos comunicándonos e iniciando procesos.

Tan pronto mi esposo salió  de ver a la doctora me llamó y me contó. Estaba comprando almuerzo con mi hermana y cuando lo escuché mi respuesta  automática fue: ¡son mías!

Mi esposo me pidió que me calmara, pues era necesario verificar la información  y no teníamos forma de saber si ya tenían padres asignados. Yo comencé  a llorar y luego de pedir consejo a una amiga, mi esposo y yo nos ponemos en contacto con la trabajadora social asignada en la agencia. Les dejamos saber que estábamos más que interesados en el caso.

Aquí vino el balde de agua fría. Con mucho amor y tacto, la trabajadora social nos mencionó no podía dar información alguna para confirmar o refutar la información que teníamos y que sólo el Comité Evaluador determinaba los posibles candidatos para cualquier caso que ellos tuvieran. Con el corazón nuevamente hecho pedazos, agradecimos que nos haya atendido y escuchado y reiteramos nuestro interés y deseo en ese o cualquier caso que tuvieran a bien tomarnos en consideración y colgamos. No conforme a eso, le dije a mi esposo que mi corazón decía que esas eran nuestras niñas, que estaba segura que estaban allí  y que daríamos el seguimiento debido sin ahogarlos.

Ese martes mi esposo y yo hicimos un pacto de silencio ante la duda y de clamor en el corazón. De camino a casa llamé en llanto a mis 3 de mis 4 amigas del alma y en llamada de conferencia les conté lo sucedido en el día. Ellas lloraron conmigo y en medio de la conversación se encendió en mí una pasión que no puedo describir en palabras concretas: pero la madre que llevaba 10 años en mí estaba preparando su nido porque sabía que pronto tendría a sus bebés. En medio de llanto, recuerdo haberles dicho: “Yo nunca he creído en reclamar para uno mismo, pero Señor, hoy en Tu Nombre yo reclamo a mis hijas para mí, son mías”. Colgamos con una oración y la promesa de comunicarnos semanalmente para informar progreso.

Eventos pasaron, nuestro viaje se acercaba y nada. Enviaba correos electrónicos semanalmente, buscábamos cualquier excusa de entrega de documentos para asomar nuestro rostro y darnos a conocer. Nada. Un mes, dos meses, nos fuimos de viaje, regresamos del viaje y nada. Pasó mi cumpleaños, otra celebración de madres, otra celebración de padres y nada. Durante todos esos meses nunca dejamos de orar y pedíamos por nuestras hijas con los nombres que les habíamos seleccionado. Orábamos porque estuvieran bien atendidas, cuidadas, saludables y aun orábamos por su madre biológica para que Dios le diera paz y tranquilidad en la decisión que había tomado procurando bienestar para las niñas y dábamos gracias por su vida.

Tres meses luego de haber realizado la “llamada” estaba llegando a casa y hablando por teléfono con mi papá recibí una segunda llamada. Cuando reconozco el número registrado mi corazón empieza a palpitar tan rápido que lo podía escuchar. Era nuestra trabajadora social solicitando una entrevista para esa misma tarde. No me dio más detalles, le dije que entendía que no habría problema que confirmaba la hora con mi esposo y allí estaría. Cuando regresé a la llamada de mi papá a grito limpio le digo lo que estaba ocurriendo.

Llamé a mi esposo y le dije: “Tienes que salir ahora mismo del trabajo. Nos han llamado y tenemos que estar allí para entrevista en dos horas”. Yo creo que salió corriendo en ese mismo instante porque 35 minutos más tarde ya estaba en casa recogiéndome. Llamamos a nuestro Pastor  y oró con nosotros.

De camino, mi cuerpo empezó a reaccionar igual que el de una mujer cuando se va de parto: sudor, nervios, contracciones, dilatación, mezcla de sentimientos, deseos de que me dieran medicamentos para el dolor que tenía en el pecho, etc.

Mi esposo me trató de tranquilizar y me recordaba que no debíamos entusiasmarnos mucho con la idea de las nenas porque había pasado mucho tiempo. Me recordó  que Dios siempre tiene un plan perfecto y que si no eran ellas sería lo que Dios determinara. Coincidí con él y mientras nos estacionábamos oramos para que Dios pusiera paz en nuestros corazones porque Su voluntad es siempre PERFECTA.

Sentí  casi literalmente que  “rompí fuente” cuando nos subieron al cuarto de conferencias y allí estaba el Comité Evaluador reunidos en una mesa esperando por nosotros. Nos hicieron las preguntas básicas referentes a nuestro expediente, preguntas económicas, de trabajo, del futuro y no recuerdo que más preguntaron.

Me percaté que la trabajadora social recibió  una llamada y cuando cuelga nos dice: “Bueno, la razón por la que los hemos llamados es porque los estamos tomando en consideración para un caso de unas niñas. Hace unos meses recibimos una llamada de parte de ustedes y al momento no les podíamos dar información relevante a ese o cualquier otro caso. Luego de pasar por un proceso extenso de revisar sus expedientes y el de otras parejas, hemos entendido que ustedes son los padres ideales para esas niñas y la pregunta realmente es, ¿aún están interesados?”

En ese momento, mi corazón dejó de latir por un microsegundo y las lágrimas reemplazaron todo tipo de palabra. Dios había tomado nuestra petición de hace una década atrás y nos estaba honrando con el mayor de los milagros y privilegios: acabábamos de tener nuestro tan anhelado parto. Mi esposo y ella se dieron cuenta que yo estaba en “shock” y él fue quien dijo el SÍ más grande y firme que yo había escuchado.

En ese mismo momento ella nos mira y nos dice: “Entonces, ¿quiéren conocer a sus hijas?” Acto seguido, se abre la puerta con las enfermeras que traen a dos ángeles llorando porque les habían despertado de su sueño y las colocan en nuestros brazos. Jamás olvidaré ese momento, fue el más bello. Mi esposo, que hasta entonces le tenía pavor a cargar a bebés, tomó a una de nuestras hijas en manos como si hubiese practicado por largo tiempo y derramó lágrimas porque también su sueño se había cumplido. Yo tenía a mi segunda bebé en el pecho, la mojé con mis lágrimas y la sequé con mi pelo. Como Dios es así de magnífico, ellas se calmaron tan pronto sintieron el calor corporal de su mamá y de su papá. Fue perfecto. Aquellas dos criaturas que nunca se pudieron formar en mi vientre, ya Dios las había formado en su corazón para nosotros.

Nuestros 10 años de espera finalmente cobraron sentido: nos prepararon para ese día, ese momento, para tan preciado regalo. Nos dieron privacidad para besar a nuestras hijas, para besarnos nosotros y para decirles a ellas que por diez años las habíamos buscado, anhelado y amado en el corazón. Que para siempre vivirían sabiendo que Dios entrelazó nuestras vidas con cuerdas de amor y que mayor amor que el nuestro, sólo lo encontrarían en Cristo Jesús. Cuando fue hora de decirles adiós porque la visita se había acabado, me tranquilizó saber que estaban bien atendidas y amadas. Traté de verme como esa mamá cuyo bebé necesita unos días más de cuidado en el hospital mientras ella se repone y prepara la casa para recibirle.

Desde ese día en adelante la vida no ha sido igual. La familia ya no es igual. Llegaron las nietas, las sobrinas y las primas más anheladas. Preparamos la casa, nuestros amigos y familiares nos prepararon un sueño de “baby shower”, realizamos nuestras visitas semanales, los pases de fin de semana fueron un sueño realidad y durante el proceso dedicamos la vida de nuestras hijas a Dios. Le dimos un cierre majestuoso a nuestro proceso cuando en una mañana del mes de octubre del 2011 en una sala de tribunal el juez, nuestros abogados y todas las partes debidas, certificaron lo que ya Dios había dictaminado: éramos formalmente una familia. ¡Sea el nombre de Dios exaltado!

Visita el blog de Heidy Norel  y disfruta de su primera sesión familiar  aquí. 

Sasha  comparte sus  experiencias a través  de  su blog Mis bendiciones 

30 pensamientos en “Nuestro parto de amor

  1. Dios es maravilloso!! Se me salen las lagrimas porque se lo q sienten exactamente. Yo estoy por el proceso de las FIV!! Que Dios los bendiga siempre a su hermosa familia. Todo es en el tiempo de Dios. Felicidades!!

  2. Que hermosa historia!!! Gracias por compartirla! Sentía que se me estremecía el corazón mientras la leía! Que Dios siempre bendiga su hermosa familia.

  3. Que bella historia, me haz hecho llorar. Que plan perfecto tiene Dios para cada una de nosotras. Este es el testimonio de que Dios todavía hace milagros y que siempre escucha nuestras plegarias, que solo tenemos que esperar con fe en el. Dios los bendiga, a su hermosa familia y a esas niñitas que más que hijas del vientres son del corazón, Felicidades!

  4. WOW! ME QUEDO CORTA AL DECIR QUE ESTA HA SIDO LA HISTORIA QUE MAS ME HA CONMOVIDO! DIOS ES PERFECTO! SOLO HAY QUE TENER FE INQUEBRANTABLE! DIOS LOS SIGA BENDICIENDO!!!

  5. SOLO DIOS SABE CUAL ES EL MOMENTO PERFECTO PARA TODO EN NUESTRA VIDA. SIN DUDA QUE NADA EN LA VIDA PODRA SUPERAR TAN HERMOSA EXPERIENCIA TAL COMO UN PARTO, EL DOLOR QUE PASARON EN LA ESPERA FUE RECOMPENZADO AL VER EL FRUTO DE SU AMOR Y PERSEVERANCIA. MUCHISIMAS FELICIDADES! Y QUE ESTO SIRVA DE EJEMPLO A MUCHAS PAREJAS QUE SE DAN POR VENCIDAS DE PRIMER INSTANTE QUE POR TEMOR AL PROCESO SE RINDEN Y TERMINAN SEPARADOS BUSCANDO CULPABLES Y NO SOLUCIONES. TODO LO QUE DESEAS EN LA VIDA REQUIERE SACRIFICIOS PERO NINGUNO ES MAYOR A LA SATISFACCION DE CUMPLIR TUS SUEÑOS.

  6. El.poder de la FE Dios es grande!
    Me viví tu historia ya q desde los 15años tengo problemas pero Dios me regalo dos bendiciones no t niego q fueron años frustrante pero tengo mis 2 milagros d vida ql igual q tu!

  7. Sasha, he llorado contigo ya había leido de tu testimonio pero no sabia detalles. Gracias por compartir tu bella historia que Dios dirigió. – Carmen Enid

  8. Querida Sasha: Mis lagrimas no dejan de bajar en mi rostro, esta historia amiga es una bendicion y un milagro!! Como madre de gemelos se que aveces pienso tantas cosas pero quiero que sepas que eres mi inspiración!! Cuando me sienta cansada, agobiada y con stress voy a pensar en ti amiga y en todo lo que pasaste durante ese tiempo de espera. Verdaderamente el tu compartir esta historia ayuda a madres y futuras madres a reconocer lo importante que es la bención de concebir o adoptar. Gracias Amiga!! Qee DIos los siga bendiciendo hoy mañana y siempre.
    Tu amiga de Marian Avilés (Marian Petrie)

  9. Wao!!!! esto si que es una historia de parto… HERMOSA! un parto desde lo mas profundo del corazon! Dios les continue bendiciendo y derrame sobre ustedes todo su amor.

  10. Estuve por mas de 15 años en tratamiento por infertilidad, pase por las puebas dolorosas para asegurar no tener las trompas de mi sistema reproductivo obstruídas en dos ocasiones, pasé por la prueba del Edometreo, por Laparascopía y por cinco intentos de Enseminación Artificial con unos de dos de los médicos más reconocidos en este país, PR, durante ese tiempo, sin logar resultados positivos luego de pruebas de embarazo. Llegó un momento dado en que al mi esposo al ver que lloraba en silencio y a escondidas del, mi dijo: ” se acabaron los tratamientos, te me estas enfermando y no quiero te sigas haciendo daño”. Con dol

    • Con dolor en el alma tuve que dejar de ir al consultorio médico. Al pasar de unos meses y a lo que me recuperaba, hablé con mi esposo para considerar el adoptar un niño. Se lo pidía una y otra vez, y me decía: “hay que pensarlo bien”. Me indicaba y recalcaba que muchos de los niños que son abandonados era porque sus madres eran usuarias de droga y nacen enfermos. Por mí parte, yo solo pensaba en la oportunidad de tener la dicha de nossotros poder dar AMOR a un bebe abandonado, a cuidarlo, darle hogar y futuro seguro hasta que Dios diga. No qu

      • No quise insistir en aquel momento porque ya mi esposo había dado un respuesta que no esperaba. Le di tiempo (alrededor de 4 meses) y toque el tema nuevamente, para mí sorpesa, me recito: “otra vez con lo de querer adoptar”? Luego dijo:”mira lo que yo quiero es tener un hijo propio, de nuestra sangre”.
        Mis esperazas se fueron al piso y le dije que había intentado todo lo posible y yo no tenía culpa el no poder quedar embarazada. La par de años, nuestra relación se deteriora y actualmente despues de 21 años de casados estamos en lo trámites de un divorcio. Solo deseo que el sea feliz y que pueda conseguir lo que el anhela de tener un hijo de su propia sangre.
        En estos momentos, yo deseo más que nunca en poder adoptar a un bebe porque tengo tanto y tanto amor para dar. Tengo mi propio hogar, mi buen trabajo en el cual llevo 21 años. Se que hay mucho niños sin amor, protección y sin papa o mama. Yo quiero tener la oportunidad y bendición de ser madre!!! Necesito saber que posiblidades tengo para obtener un bebe en adopcion. Los lugares a recurir, para orientación encuanto al procedimiento. Estaré inmensamente agradecida si me pudieran ayudar.
        Con amor y esperanza,
        Nydia Ortiz

      • Hola Nydia. Acabo de leer tus mensajes y me uno a ti en oracion. Tu camino no ha sido facil, pero en Dios no hay imposibles. Gracias por compartir tus inquietudes. Durante este mes estare teabajando diferentes temas del proceso de adopcion. Te invito a que visites nuestro blog http://www.misbendiciones.com. Una madre soltera SI puede adoptar. Te espero!

  11. Los regalos de nuestro Señor siempre nos vienen luego de que hayamos pasado por el crisol de la fe, y qué grande fue la fe de ustedes! El Señor les compensó en igual proporción. Que sigan derramándose las bendiciones de lo alto sobre su hermosa familia.

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