El nacimiento de nuestra princesa

Por: Shirley Santana

” Empecé a sentir la sensación de pujar pero el ginecólogo  se estaba cambiando y no estaba presente. Pero yo no podía esperar, necesitaba pujar. Así que sin saber lo que hacía empecé a pujar. Las enfermeras me decían que no pujara que esperaba al doctor, les dije que no podía más, que quería pujar. Ahí, una de las enfermeras dijo que ya se veía la cabeza”.

Mi primer embarazo fue a los 19 años.  Recuerdo estar en la sala de mi casa junto a mi novio y dirigirme al baño a hacerme una prueba casera. Esperé un par  de minutos y cuando vi esas dos rayas súper claritas quedé sorprendida. Aunque sabía lo que significaba, fui y miré las instrucciones para quedar segura. Al salir del baño fui corriendo hacia mi novio y le enseñé la prueba.  Fue muy emocionante verlo feliz. Lo primero que hizo fue darme un abrazo y un beso. Si bien estábamos asustados por como bregaríamos con la noticia,  también estábamos muy contentos.

Recuerdo que mi familia se molestó, pero eso no nos detuvo y  empezamos a planificar la pronta llegada de nuestro bebé. Rápido hice una cita con el ginecólogo y al ver el sonograma, me dijo que estaba muy chiquito pero que estaba ahí. En mi próxima cita me dijo que tenía que hacer un cuantitativo para ver cómo salía y que cuando tuviera los resultados los llevara. Nunca pensé que fuera a pasar nada malo, él me había dicho que mi bebé sí estaba ahí. Una vez obtuve mis resultados, los llevé. Recuerdo haber estado desde el medio día en el ginecólogo para que viniera atenderme a las 7 de la noche, vi como miraba los resultados y entonces fue cuando me preguntó si había sangrado en algún momento o si sentía dolor. Yo asustada le dije que no, que yo me sentía bien y  en ese momento me dijo que el embarazo no se iba a dar y que era un embarazo anembrionario. Me dijo que si sangraba en mi casa fuera al hospital. Empecé a llorar descontroladamente, no sabía qué hacer ni como tomar la noticia.

De inmediato, llamé a mi novio que estaba trabajando y se lo dije. Me recogieron dos amigas mías y llegué a mi casa. Ahí estaba mi madre diciéndome que todo pasaba por algo, que confiara en Dios…  en aquel momento estaba enfurecida y recuerdo que  le pregunté por qué Dios me estaba castigando, que yo no le había hecho nada (a Dios).

Una semana después, como no sangré, saqué la fecha para hacerme el raspe, ya yo me sentía incómoda. Después que salí del hospital fueron unas semanas y meses horribles, no quería saber de mujeres embarazadas, me molestaba ver cómo gente que no querían tener sus hijos estaban teniéndolos. Me dolía tanto que ya no iba a tener un bebé…  entré en una etapa de depresión. Al pasar 1 año y algunos meses mi novio y yo decidimos mudarnos, empezamos a intentar tener un bebé. Yo sólo quería olvidar la pesadilla que pasé con un nuevo embarazo. Intentábamos y nada. Llegué a un punto en el que dije:   “Hasta aquí. No puedo más. Vamos a olvidarnos de estar intentándolo y disfrutemos nuestra nueva vida. Y así fue que nos olvidamos del tema.”

El día de reyes del 2011 estaba trabajando y empecé a sentir nauseas, mareos en fin me sentía mal, le dije a mi jefe que me tenía que ir porque no podía más. Nunca se me ocurrió que estuviera embarazada. Ese fin de semana estaba recogiendo una gaveta y encontré una prueba casera y  pensé: “vamos a usarla para gastarla. Nunca pensé que el resultado fuera a cambiar mi vida. Cuando vi esas dos rayas y esta vez eran bien claras, me puse nerviosa. Me acuerdo que compré como dos cajas que traían 3 pruebas cada una y así mismo cogí y me las hice todas y la respuesta era la misma, POSITIVO.

El lunes  saqué una cita con otro ginecólogo. Exactamente, estaba embarazada y  tenía 5 semanas. Había posibilidad de que volviera a pasar lo mismo, así que no quise emocionarme mucho, no quería sufrir. No se lo dije a muchas personas hasta el día en que escuche los primeros latidos de mi bebé. Ese día fue un día tan emocionante mi novio y yo no podíamos dejar de reírnos de la felicidad tan grande que teníamos.

Estábamos felices, teníamos un hogar, teníamos trabajo, carro. Cosas que no teníamos la primera vez, había llegado en el momento preciso, estábamos preparados. Pasaron los meses y todo estaba saliendo como debía; íbamos a tener a una princesa que llamaríamos Melee Mar.

No podía negar que al final ya me sentía cansada y en el proceso, un cultivo dio positivo y tendrían que ponerme un antibiótico antes del parto. A mis 35 semanas mi Ginecólogo me dio mi carta de admisión, ya mi hija vendría en cualquier momento, estaba emocionada, tuvimos un baby shower hermoso y justamente una semana después del shower empecé a sentir contracciones.

Recuerdo que falte a mi trabajo, el dolor me molestaba, me retorcía toda. Me metí a la ducha y mejoró un poco. Siempre decía que quería un parto en el agua, pero no hice nada por tenerlo.

Ese día no aguante más y  fui al ginecólogo. Lamentablemente, quien estaba el ginecólogo que atendió el primer embarazo, pero el dolor era tan horrible que ignoré el hecho de que él me atendería.  Cuando me revisó ya estaba en 4centimetros, con  sólo 36 semanas. Me  dijo “¿Con quién viniste? Tienes que ir al hospital ahora antes de romper fuente por ahí”.

Me fui sola al hospital a hacer la admisión. Me metieron rápido al cuarto a empezarme el antibiótico, tenia contracciones pero no eran fuertes. Llego mi ginecólogo y me preguntó  que por qué estaba allí, que  él no quería inducirme el parto. Que él quería esperar lo más que se pudiera, pues mi bebé era bien pequeñita como para tenerla ese día.

Me dijo que esperaríamos,  pero que si los centímetros cambiaban tenían  que romperme fuente. Esa noche en el hospital fue horrible, no dejaban que nadie se quedara conmigo, fue una noche larga.  Al otro día cuando me revisó  el ginecólogo de mi primer embarazo y  ya yo estaba en  7centimetros, ahí mismo dijo hay que romperte la fuente. Asustada mire a mi madre y le dije que llamara a mi novio que quería que llegara rápido, no quería a nadie más, solo a él. Por fin iba a llegar nuestra bebé.

Como a las 10am me rompieron la fuente y me pusieron pitocina, no me lo consultaron. Ahí fue cuando la pesadilla empezó. Los dolores eran insoportables, lloraba y lloraba, sentía que no iba a poder. Mi madre y novio trataban de ayudarme pero estaba tan adolorida que no quería su ayuda. Empecé a sentir la sensación de pujar pero el ginecólogo  se estaba cambiando y no estaba presente. Pero yo no podía esperar, necesitaba pujar. Así que sin saber lo que hacía empecé a pujar. Las enfermeras me decían que no pujara que esperaba al doctor, les dije que no puedía más, que quería pujar. Ahí una de las enfermeras dijo que ya se veía la cabeza. En esos momentos llego el doctor muy sonriente y haciendo hasta chistes. Me molesté,  sentía que se estaba tardando en ayudarme en el proceso, me dijo lo que debía hacer a la hora de pujar pero el dolor era tan horrible que lo ignoraba, soltó todo y me dijo: “si no me pones atención no te ayudo”.  Le viré la cara estaba molesta con él. El me decía:  “mírame para que salgas de esto rápido”.

Tomé fuerzas para mirarlo y escucharlo, después de eso mi hija salió rápido solo tuve que pujar como 6 veces y ya mi hija había llegado al mundo con tan solo 4.15lb. Escuché su llanto y  ya sabía que estaba bien, vi cuando mi novio y mi madre la cogieron, veía en sus caras la emoción. Mi novio no paraba de reírse y mirar a nuestra princesa, estaba enamorado de ella.

Esos días fueron estresantes era tan chiquita que no sabía chupar ni del seno, ni de la botella. Estaba bajando de peso, no estaba comiendo casi nada. Me asusté mucho al saber que había bajado a 4’9lb, con todo y eso me la dieron para que me la llevara. Fueron semanas difíciles, felices, en fin éramos padres primerizos. Mi novio tenía más paciencia a la hora de darle la comida ya que ella ni se levantaba para comer, teníamos que poner la alarma y despertarla. Aún así,  tomaba un poco de leche y quedaba dormida otra vez.

En esas semanas siempre estábamos al pendiente que ella comiera bien, no queríamos que bajara de peso. En estos momentos mi hija tiene 1 mes y 3 semanas, pesa 8.13lbs. Está hecha una comelona, ha ganado mucho peso. Estamos súper agradecidos con Dios de tener a nuestra princesa saludable. Las cosas llegan cuando menos lo esperamos y en el momento indicado. Duele haber pasado por el primer embarazo y que no funcionara, pero Dios nos dio la oportunidad de ser padres, más agradecida no puedo estar.

El embarazo anembrionario es un tipo común de aborto espontáneo. Se produce cuando un óvulo fecundado se implanta en el útero pero el embrión resultante deja de desarrollarse en una etapa muy temprana o directamente no se forma. La expresión “huevo huero” también hace referencia a esta situación, aunque los profesionales suelen describirla con un lenguaje más técnico mediante la expresión “saco gestacional vacío”. Fuente: http://espanol.babycenter.com

Las historias publicadas en Historias de Parto, no son de la autoría de ninguna de sus fundadoras ( Adamarys Feliciano, Yarilís García o Heidy Norel). La edición a los escritos es parcial y responde a asuntos de lenguaje.

Un pensamiento en “El nacimiento de nuestra princesa

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