Mi Milagro: Alanis Zoé

Por: Lizvette Figueroa 

“El me respondió y  mirándome a los ojos y sujetando mi mano, me dijo estas palabras jamás las olvidaré: ‘Yo confio en ti y creo en ti, tu fuiste creada perfecta para parir y traer esta niña al mundo, pero jamás permitiría que tu y tu niña estén en riesgo.Vamos a esperar, regreso al mediodía y entonces tomaremos una decisión’ 

Esta historia comienza afirmando que Dios tiene un plan perfecto para nuestras vidas y que debemos dejar que el se manifieste de una manera especial en cada uno de nosotros.  Siempre tuve la ilusión de ser madre, pero debido a varias circunstancias personales lo había pospuesto. Un sábado de agosto de 2011 en mi lugar de trabajo, tenía un catarro espantoso, un dolor horrible y unas nauseas que no cesaban.  Decido realizarme la prueba de orina, por eso de descartar, y es entonces me entero que estoy embarazada.  Wow!! Estaba sin palabras, aterrada, todo siempre en mi vida lo quería tener súper controlado, todo bien planificado, lloré hasta más no poder. Mis compañeras gritando y brincando de la emoción, consolaban mi llanto.  Rumbo a mi hogar iba en una nube, ¿cómo se lo diría a mi esposo? ¿Cómo se lo diría a mis padres? Para mi sorpresa, mi esposo recibió la noticia súper emocionado y con mucha ilusión.

Rápidamente coordiné  la cita con mi ginecólogo/obstetra, Dr. Héctor Berríos.  Iba con muchas interrogantes en mi cabeza, pensando si tendríamos buena química, si me entendería, si me sentiría cómoda con el. Y exactamente, como un efecto mágico, hicimos una química brutal, sentía como si lo hubiese conocido desde mucho antes, me brindo confianza y contesto todas mis preguntas.  Me hicieron un sonograma y descubrí que tenía 8 semanas. Por primera vez pude escuchar ese corazón latir, es indescriptible saber que llevas una vida dentro de ti. Básicamente tuve un buen embarazo, solo leves nauseas en las mañanas, pero luego todo perfecto.  Lleve una buena alimentación, descansaba lo necesario, iba a todas mis citas prenatales con mi esposo, etc, etc.

A las 20 semanas nos enteramos que tendríamos una niña, para locura de mi madre, pues eso era lo que anhelaba. Todo transcurría en perfecta normalidad: bebé bien, mamá bien.Todo normal hasta las últimas semanas que la azúcar se me descontroló; diabetes gestacional. Con una buena dieta logré que se normalizaran los niveles.  Comencé a coger mis clases de parto humanizado a las 28 semanas. Nos educamos, nos instruimos, siempre estuve muy segura de que quería un parto natural y que quería lactar a mi hija, de eso no había duda. Fielmente todos los lunes, asistíamos a las clases, wow!! ¡Cuánto aprendimos! ¡Que muchos mitos y cuentos existen que bloquean nuestra mente! Practicaba mis ejercicios y mis visualizaciones a diario, leía, buscaba información, quería que nada me tomara por sorpresa.

Tenía 38 semanas y ese domingo, 8 de abril de 2012, decidimos irnos a la playa y aproveche para nadar un rato.  Ya mi educadora prenatal, me había orientado que este ejercicio ayuda mucho para el proceso del parto, aunque no era lo que estaba buscando, pues plenamente sabía que no era el momento y que todavía me restaba mucho tiempo para que mi cuerpo realizara ese proceso natural.

El Lunes, 9 de abril de 2012, tuve visita de seguimiento y chequeo médico;  el Dr.  me revisa y me indica que estoy en 4 cm. ¿Qué? ¿Cómo? Imposible, si yo estoy perfectamente bien, a lo que el Dr. me indica que no me preocupe que me va a revisar la presión y que si todo esta bien, me vería el viernes, para ver como había progresado.

Triste la noticia cuando revisan mi presión y estaba alta 140/100. Wow! No lo podía creer, todo el embarazo cuide de mi alimentación y siempre mis presiones fueron normales.  A lo que el Dr. decidió que me presentara al hospital para monitorearme la presión y darme medicamentos para bajarla.  Presentaba un cuadro de preclampsia.  Salí de ese consultorio llena de temores, confundida, llorosa, si hasta ahora todo había salido tan bien, si había llevado todas las indicaciones hasta al pie de la letra, ¿qué pasó?

Me presento esa tarde al hospital y justo conmigo llega el Dr.,me ponen las correas, me suministran medicamentos para bajar la presión y comienzan a monitorearla cada hora. La presión no bajaba, y yo cada vez más nerviosa, el Dr. me indicó que me dejaría en el hospital toda la noche y que vendría a verme en la mañana para revisar como había seguido.  Junto a mi estuvieron mi fiel esposo y mi madre. Cada vez que venía la enfermera a verificar la presión yo preguntaba y nunca se logró normalizar. Le oraba a Dios para que la bajara, quería irme a casa, quería tener un parto natural, sabía que no era el momento.

Llegó el 10 de abril de 2012, en la mañana. El Dr. me revisó y todavía estaba en 4cm, pero lo más que le preocupaba era mi presión.  Nos habló con toda la sinceridad que a el lo caracteriza y nos indicó de lo peligroso que era que mi presión se mantuviera alta por tanto tiempo. Yo todavía en negación, le decía que me diera más tiempo, que permitiera que el medicamento hiciera su trabajo, que yo quería parir. El me respondió y  mirándome a los ojos y  sujetando mi mano, me dijo estas palabras jamás las olvidaré: “Yo confio en ti y creo en ti, tu fuiste creada perfecta para parir y traer esta niña al mundo, pero jamás permitiría que tu y tu niña estén en riesgo.Vamos a esperar, regreso al mediodía y entonces tomaremos una decisión. No podía parar de llorar.  Durante esa mañana recibí varias visitas, entre ella una señora bien tierna, que se identificó como la acompañante de las embarazadas del Hospital Hima de Caguas. Hablamos,  le expliqué mi cuadro y me sugirió varias cosas.  Con su voz angelical, oro conmigo, me calmó, me ayudó con ejercicios de visualización y luego se retiró.

Llega el mediodía y junto con la enfermera llega mi doctor, verifican la presión y todavía estaña en 150/100, estaba subiendo en lugar de bajar.  En ese momento no puedo negar que me asusté y temí por mi vida y la de mi hija. El Dr. me indica que estaba todavía en 4cm, que me iba a romper membrana y que esperaríamos a partir de eso 6 horas para ver mi progreso y si en ese tiempo no progresaba y mi presión no bajaba, tendría que hacerme cesárea.   Tan pronto escuche esa palabra mi mente se nublo, quedé en shock.

Pronto comenzaron los dolorcitos, progresivamente hasta tener unas fuertes contracciones.  Hice mis respiraciones y ejercicios como había aprendido en las clases.  Mi esposo y mi madre, siempre a mi lado, nunca me dejaron sola.  Deje todo en las manos del Señor, que fuera su voluntad la que se hiciera.

Llegaron las 6pm, el dolor era fuerte y las contracciones más seguidas. No puedo negar que en algún momento le dije al doctor que me diera algo para el dolor por que pensé que no podía aguantarlo, a lo que me contestó con un rotundo “NO, tu eres una mujer valiente y puedes con eso y mucho más”.  Me revisó y estaba en 6cm, pero mi presión estaba en 180/110.  A lo que nos habló claramente y nos indicó que ya habían pasado 24 hrs la presión no había disminuido y que era muy riesgoso esperar más tiempo, que era peligroso continuar esperando. Me miro fijamente puso su mano sobre mi hombro y me dijo: “En 1 hora conocerás a tu hija.”

Lloré, lloré y me encomendé al Padre Celestial. Este no era el plan que tenía en mi mente durante estos 9 meses, pero sabía lo riesgoso y peligroso que era la preclampsia para la mujer embarazada y su bebé.  Y a las 7:26pm del 10 de abril de 2012, llego a este mundo mi princesa Alanis Zoé Tirado Figueroa.  Mi esposo estuvo conmigo en todo momento, tiró fotos por todos lados, pudo presenciar la llegada de nuestro milagro en primera fila.  Me permitieron besarla y tocarla y hasta tirarnos nuestra primera foto familiar. Rápidamente mi esposo hizo todas las preguntas de rigor, peso, 7lbs 9oz, medidas, 20 ¾, que puntuación había sacado 8-9, etc, etc. Luego pasé al recovery donde se me hizo una espera interminable, quería ver a mi hija, tenerla conmigo, hasta que Dios me envío otro angelito, una enfermera de sala de partos, que solicitó autorización para traer a mi bebé y poderla lactar. No niego que se me hizo complicado todo el proceso de la lactancia, pero no me di por vencida, ya que no se me había dado el proceso de parto natural, quería tener la dicha de lactar a mi bebe. Y aquí estamos 6 meses después y tenemos una lactancia exitosa.

Varios dias después de estar en casa con mi hija, recibo una llamada de mi Tía Milagros, y me dice que Alanis se debió llamar como ella “Milagros”.  Le pregunto por qué y me responde que tiene una compañera de trabajo que tuvo un caso casi igualito al mío, la presión por las nubes, con medicamentos y nada lograba normalizarla, solo que no actuaron a tiempo y a su niña le reventaron sus pulmoncitos antes de nacer. Quedé sin palabras, fue entonces que comprendí que Dios estuvo conmigo, que jamás me abandonó, que veló por mi y por mi hija y gracias a Él mi hija y yo estamos con salud.

No niego que una y mil veces me he preguntado  ¿por qué? ¿Qué pasó?  Pero cuando veo mi milagro, mi hija,  todas mis dudas se disipan. Y ahora, aunque no estoy en busca, me estoy educando, instruyendo y preparando, por que lo voy a lograr, esa es mi meta, Parir, y se que Dios me concederá ese otro milagro. Mientras tanto disfruto mi maternidad y mi lactancia en plenitud.

2 pensamientos en “Mi Milagro: Alanis Zoé

  1. Leo tu historia y lloro bastante parecida a la mia te entiendo a la perfeccion la punlique aqui ” el dia q conoci el verdadero amor” se lo q sientes uno planea las cosas pero Dios tiene algo planeado para nosotros ahi prueba nuestra fe en el Dios las bendiga!!!!

  2. Al leer tu historia me identifico mucho, con mi segundo parto. Yo quería parir a mi Daniella, pero como dice la chica anterior y tu, uno planea pero Dios es quien decide que es lo mejor para nosotras y nuestros bebés. Gracias a Dios que gozan de perfecta salud. Disfruta toda esta etapa amiga, pues crecen rapidito! Bendiciones!!

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