El día en que decidí nacer

Por: Milagros Ortíz

“Con la niña en brazos y con la placenta en mi interior aun me acostaron y comenzó la lactancia. !Wow! que sentimiento, mi niña pegada a su teta mientras la placenta terminaba de pasar esos últimos nutrientes que tanto bien le hacen a los bebés (…) “

El día 6 de enero del año en curso, mientras me encontraba en cambios importantes en mi vida a nivel laboral, una prueba me anunciaba que iba a ser madre nuevamente. Para mi sorpresa pues llevaba más de un año intentándolo y no ocurría nada aunque tengo que admitir que llegue a reprochar porque en ese momento estaba por cambiar de empleo y como le dejaría saber a mi jefe nuevo que estaba embarazada. Decidí dejar todo en las manos de Dios y en la buena fe de mi nueva jefa para que entendiera que no fue planeado. Rápidamente fui en busca de un buen ginecólogo pues quería un parto tranquilo, rodeado de mis seres queridos y con amor, así fue que llegué al Dr. Pérez quien desde el primer momento me dijo que eso era posible.

Lamentablemente, habían otros planes para mi porque cuando cumplí mis 7 meses nos dimos cuenta que había desarrollado diabetes gestacional. Fue un momento difícil porque Pérez me dijo que el no atendía embarazos de alto riesgo y que me referiría a otro ginecólogo. Fue un momento muy frustrante, con eso se venía abajo todo lo que estaba deseando, mi parto humanizado. Le pedí a Pérez que porfavor intentaramos bajar la azúcar y me dijo: “voy a hospitalizarte, lo cual hace mucho tiempo no hago con nadie y si me demuestras que puedes mantener tu azúcar baja seguimos, pero a la primera que te me descontroles tengo que referirte.” Lloré mucho cuando salí de la oficina del doctor pero estaba decidida a bajar esa azúcar. Se podrán imaginar lo bien que me porté, bajé mucho de peso por la dieta tan estricta que tenía pero todo valía la pena por mi bebé.

Los demás meses transcurrieron de manera normal pero tenía algo muy presente y era que Pérez me había dicho que no podía dejarme llegar a las 42 semanas como regularmente lo hacía por mi problema de la diabetes y para mis embarazos anteriores había dado a luz a las 40. Llegó mi cita, ya tenia 39 semanas y estas fueron las palabras de Pérez: “estás en 4cm y sabes que no puedo dejarte pasar de las 40 semanas por tu diabetes, el martes yo estoy en hospital y creo que la mejor opción es inducirte pero tu tienes la decisión.” Miré a mi esposo y él continua diciendo: ya el viernes cumples las 40 y no creo que haya mucha diferencia, pero si esperamos podemos arriesgar la vida de la bebé porque esos niños hoy están bien y ya mañana no. Mi esposo me dice: “creo que debemos hacerlo el martes”.  Eso no era lo que quería YO.  No había opción, era el martes, sería inducido pero al menos estaría mi Doula para ayudarme en el hospital.

Bueno, no todo estaba dicho,  pensaba YO, pues quedaban 4 días antes de llegar el martes y podía ser que me dieran los dolores antes. Me regalaron la bola y entre ejercicios en la bola, la limpieza de la casa y las demás ayuditas, el lunes 8 de octubre en la madrugada comenzaron las contracciones. Que delicia fue sentir esas primeras punsaditas, creo que nunca pensé disfrutarlas tanto. Eran las 2:30 cuando me dio la primera pero pensé que era una falsa alarma y me acosté a dormir nuevamente. A las 3:30 comenzaron nuevamente pero ya eran fuertesitas y eran cada 15 minutos. Ya yo los había preparado a ambos tanto a la Doula (Dana) y a Pérez porque mis partos son bien rápidos. Ya a las 3:30 mis contracciones eran cada 5 minutos y llamo a Dana le digo “estoy con contracciones cada 5 minutos con duración de 1 minuto” y ella me dice “llama a Pérez que quizás te dice que vallas a la oficina.” ¿A la oficina?, está loca, si él abre a las 8 y ya yo tengo deseos de pujar, pensé yo. Llamo a Pérez y efectivamente… a la oficina.

Recogimos todo, busco a mi mamá y sigo para la oficina. De camino a la oficina ya mis contracciones eran cada 2 y mis deseos de pujar eran cada vez mayor. Llegué a la oficina y que horror Pérez no había llegado y yo quería pujar! Dana llegó primero y me ayudaba en cada contracción pero yo quería pujar!!! Llego Pérez  (jajaja) con un café en mano y yo loca por pujar. Entramos a la oficina y cuando me chequea me dice tranquilamente “estás en 8cm”, se va a su oficina, se sienta cómodamente y me dice de manera relajada: “¿nos vamos para el hospital o nos quedamos aquí?” Dana sobresaltada dice: “¿da tiempo de irnos?” Pérez responde: “ella tarda como dos hora más”, me río y le digo “no tardo dos hora más”, él dice “hay que romperte fuente para que termine de bajar”, le digo “yo voy a romper fuente” y en ese momento vino una contracción y el agua comenzó a bajar por mis piernas… había roto fuente, en ese momento Pérez se paró y dijo “Nos quedamos aquí, vamos a preparar todo.” En menos de 5 minutos ya estaba todo listo para tener el parto que tanto había deseado. Estaban ahí presentes mi mamá, mi esposo, Dana y el doctor,  quien aun se estaba tomando su café ( jaja).

¡Fue un proceso hermoso!, mi mamá a mis espaldas agarrándome mientras las endorfinas trabajaban, mi esposo agarrando mi mano y Pérez… tomando su café (jaja). Comienzo a pujar y mi niña a descender rápidamente. En una ocasión el Dr. me dice “necesito que la próxima contracción la respires, no la pujes”, pero quien haya dado a luz antes sabe que esto es bien difícil cuando ya el bebé está coronando. En esos momentos que yo prácticamente ni escuchaba Pérez tuvo que gritarme que no pujara, que dejara descansar a mi bebé porque ella estaba cansada, eso no era otra cosa que sus fetales estaban bajando y necesitaba descansar. No fue fácil pero no pujé pues la vida de mi bebé era primero, pero luego de esa contracción ya podía y miro a Pérez y le digo “no puedo creer que yo esté pujando y tu tan tranquilo tomando un café”. Me reí, jocosamente él me responde “quien está pujando y con dolor eres tú, no yo”.

Continúo pujando, ¡qué hermoso momento!, ya venía mi niña que decidió que nacería por si sola, cuando ella eligió y sin la ayuda de ningún químico extraño. Otra contracción y con ella otro pujo y ya sentía su cabecita, ¡ya la tocaba! Que dolor tan grande sentía y una emoción cuando gritó “Sácala Ya!” ” ¿Qué yo la saque? Yo no saco muchachos, ¡tienes que pujarla!” dice Pérez. Un pujo más y mi esposo pudo agarrar a mi hermosa niña, la puso en mi y yo no podía creerlo, había nacido ahí en la oficina. Quien la tocó por primera vez fue su padre y su primer abrazo se lo dio mamá, es algo hermoso, mágico y magnífico lograr algo así. Con la niña en brazos y con la placenta en mi interior aun me acostaron y comenzó la lactancia. !Wow! que sentimiento, mi niña pegada a su teta mientras la placenta terminaba de pasar esos últimos nutrientes que tanto bien le hacen a los bebés, es un momento de gloria. Cuando el cordón dejó de latir mi esposo lo cortó y salió la placenta que Dana utilizó para hacer una hermosa figura.

Llegue a Pérez buscando un parto diferente y obtuve mucho más que eso, obtuve un parto con amor, tranquilo y en armonía y después de todo ella decidió el día de su nacimiento y fue un día antes de la inducción. Que mejor manera de decirle al mundo que las cosas son cuando ellos y la naturaleza decide.

Las historias de nacimiento publicadas en Historias de Parto, no son de la autoría de ninguna de sus fundadoras ( Adamarys Feliciano, Yarilís García o Heidy Norel). La edición a los escritos es parcial y responde a asuntos de lenguaje.

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