El día que dejamos de ser uno

Por: Jaslyn Sánchez

 “Para mi sorpresa, todo pasó rápido. Las contracciones intensificaron una hora después de  de haber roto fuente. Mi partera  y mi doula me mimaron todo el tiempo mientras se preparaba todo. Mi esposo no se separo de mí, bailamos, escuchamos música, mientras en el aire se esparcía la paz y tranquilidad que tanto deseaba…”

Llevo 10 años con quien ahora es mi esposo;  4 de estos conviviendo. Dos  años atrás ya nos hacíamos la idea de un bebé pues íbamos a terminar los estudios y estábamos bastante estables. Durante todo ese tiempo nunca me cuidé y ni verificaba mi periodo, pues pensaba que cuando menos lo imaginara llegaría nuestro bebé. Para mi sorpresa no fue así, a pesar de tener mis periodos regulares y todo ir normal las pruebas salían negativas. Así que después de esos años empecé a entristecerme y lo dejé en manos de papá Dios. En junio del 2011, mientras estábamos en una boda, repentinamente dijimos: “¡Vamos a casarnos!”. Después de tanto tiempo era lo lógico. Le dimos vuelta al asunto y para noviembre oficializamos todo. El Día de Reyes mi esposo pidió mi mano (no sólo mi mano, a mí completa, claro) a mi mamá,  ya era oficial.

Luego de varias semanas mi esposo comienza a decirme que me notaba un poco rara (Walter Mercado le deben decir) y de repente me compra una prueba de embarazo porque según él estaba embarazada. Yo no presté atención pues no tenía atraso pero la curiosidad me mató y el mismo día que se supone que llegara mi periodo hice la prueba (la hice en mi trabajo, sí, sí muy buen lugar… ajá). Deje la prueba en un lado mientras abotonaba mi pantalón y para mi sorpresa salió ese POSITIVO enorme en mi cara. No lo podía creer, lloré, grité y  todo  esto en mi trabajo. En fin,  la familia estaba alegre y mi esposo ni se diga. Que bien, ahora boda y bebé, ¡todo en combo incluido!

Desde siempre supe que pariría en mi casa e incluso teníamos ahorros para que cuando el bebé llegara, pudiéramos  tener nuestro parto deseado. Pero al principio no todo fue lindo en el embarazo.Luego de confirmarlo con una prueba de sangre al otro día comencé a sangrar. Con una gran tristeza y sin saber cuánto tiempo tenía, decidí ir a sala de emergencia. Allí confirmaron el embarazo, pero sólo se veía el saquito, todavía no había bebé, todo lo que me dijeron fue “quizás es un embarazo hueco, así que tienes que esperar a ver si se ven latido” (un embarazo anembrionado). Eso fue un puñal en el corazón y con la frialdad más grande me lo dijeron.

Fui al ginecólogo de la familia y me dijo lo mismo: “Hay  que esperar por los latidos.” Varias semanas después comencé con otro sangrado, pensé que quizás no había bebé y ya había comenzado a expulsarlo. Fui nuevamente a sala de emergencia pues era un domingo. Me atendió una única doctora que me dice “que debido a mi condición es bien difícil que tenga bebes o mejor dicho que se me quede adentro” (si así mismo me lo dijo, sin ningún tacto). Así que decidí que no me volverían a tratar mal y busque otra opinión y llegue a la oficina de Pérez, una cita donde me trataron como reina, me explicaron todo y confirmamos los hermosos latidos de mi bebé.

Así siguieron mis semanas cuidándome y haciéndome la idea de que pariría en mi casa, junto a mi familia. Pero no todo fue lindo en ese tiempo, a mis 4 meses en el trabajo cuando fui al baño aterrorizada vi como bajaba sangre, mucha sangre me llevaron inmediatamente al hospital  pues era tanta que en minutos había manchado mi ropa y el baño, con el corazón hecho pedazos esperaba para que me chequearan y en el chequeo note como salió una bola de sangre. Quedé  paralizada. Gritaba con desesperación que había perdido a mi bebé…  ¡qué sensación tan horrible! Pero no todo fue tristeza ya que un sonograma confirmó que mi bebe estaba súper bien y bailando dentro de mí. Así pasaron los meses, todo bien, mamá y bebé saludables aprendiendo del pasaje de nuestro milagro, preparándonos para el gran momento con clases, leyendo, con un excelente equipo, doula (soy doula así que si para mí fue importante tener una, quiero que sepan que es súper importante para todas).

Y llego ese miércoles 10 de octubre a las 7 am cuando sentí un fuerte retortijón. Me asusté un poco pero quería seguir durmiendo y otro retortijón llegó, sentí  una bomba estallar, salí corriendo de la cama y splash había roto fuente.  Llamé a mi esposo que venía de camino de trabajar y llegó inmediatamente, me bañe y desayunétranquila. Llamamos al combo (doctor, doula, mami, hermana y fotógrafa).

Para mi sorpresa, todo pasó rápido. Las contracciones intensificaron una hora después de  de haber roto fuente. Mi partera  y mi doula me mimaron todo el tiempo mientras se preparaba todo. Mi esposo no se separo de mí, bailamos, escuchamos música, mientras en el aire se esparcía la paz y tranquilidad que tanto deseaba. Nada de chequeos innecesarios, nada de suero, nada de batas, nada de medicamentos, caminé,  gemí, mi doula susurraba en mis oídos que pronto tendría mi “frijolito” en brazos,  como cariñosamente se llamo 9 meses. Llegó el momento de pujar y admito que peleé con  el dolor. Sabía que era necesario e importante, que mi cuerpo era perfecto, mi bebé y yo trabajábamos juntos para dejar de ser un solo ser y complementarnos aquí en la tierra. Y mientras agarrada la mano de mi doctor y doula pujaba, salió mi pequeño frijolito, recibido por las cálidas manos de su papá y llevado rápido a su nuevo hogar, el pecho de mamá. Momento mágico, un silencio total, minutos de admiración al sentimiento más puro (si, si varias veces dije que porque no lloraba, como a eso estamos acostumbrados) pues claro que no iba a llorar, pues llegó en su momento, nadie lo ajoró, rodeado de amor de los suyos, nadie intervino en el momento que por primera vez veía y conocía a su mami y papi. Todos en ese momento fuimos testigos del maravilloso milagro de la vida. Frijol llegó a nuestras vidas para complementarnos, el cantito que nos hacía falta. Oxitocina pura corría por nuestro cuerpo, se acabo la espera, se acabo el dolor. Ese día parí, parimos, volvimos a nacer, ese día me realicé como mujer.

Imagen suministrada

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Desde mucho antes de estar embarazada ya sabía lo que quería en mi parto, me eduqué, busque información, cogí clases, confié en mí, en mi cuerpo. Hicimos caso omiso a los que nos llamaron locos, hippies, a todas esas energías negativas en fin todo lo que pudiera hacer para lograr mi parto y apoderarme de él. No me conformé con ser solo ser una espectadora en mi propio proceso, no quería ser otra esclava del bisturí, no quería estar amarrada a una cama como si fuera loca, no quería medicamentos por que no estaba enferma. No hay imposibles, solo es falta de educación. Para tener un parto humanizado no necesariamente tiene que ser en la casa pues esa falsa idea la tienen muchos. Sólo se necesita un buen proveedor de salud y un hospital de buenas referencias. No dejemos que nos sigan metiendo miedo, que nos digan que no podemos, que puede pasar algo, que estamos locas, que para algo está la ciencia. Recuerda siempre que la naturaleza es sabia en todo su esplendor, nacimos equipadas para esto, un cuerpo perfecto, una mente fuerte y sabiduría para llevar este hermoso proceso.

Y si les da curiosidad de cuál es la condición que padezco se llama Von Willebrand Disease, así que las que lo padezcan ya saben que no es una limitación para parir en tu hogar. Por otra parte jamás supimos a que se debían los sangrados, a muchas mujeres les pasa a otras no….

4 pensamientos en “El día que dejamos de ser uno

  1. Hermoso, llore al leerlo. Mis hijos llegaron por cesarea; experiensas no agradables y mi segundo embarazo fue muy riesgoso; sangraba continuamente y cada vez q hiba al hospital sin mas penas me indicaban que estaba en proceso de aborto…aun cuando mi hija nacio prematura (31 semanas) los medicos aun no me afrecian certeza de que sobreviviria. Estuvo en cuidado neonatal 1 semana, con mis dolores bajaba a lactarla y mimarla, y al llegar a mi hogar abonde los medicamentos solo por lactarla. Ella lo logro a pesar de los obstaculos que la medicina nos puso. Este domingo cumple 3 años de edad sana, saludable, desarrollandose totalmente, mi milagro.

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