Renacer

Por: Amanda Rivera

“pujé de pie aguantada de mi esposo, y de esta misma forma bailamos de lado a lado, ayudando al proceso. Pujé aguantando un paño que tiraron alrededor de la cintura de mi esposo donde él tiraba hacia atrás y yo halaba, pujé sentada, pujé y pujé.”

En octubre 17 de 2006, recibimos la tan esperada llegada de mi primogénita Ariana Sofía. Nueve meses antes de este día, la noticia de su concepción nos tomó por sorpresa, pues mi esposo (novio, en ese momento), y yo estábamos muy jóvenes. Pero a medida que el embarazo comienza a progresar cada vez nos emocionábamos más y crecía la ansiedad por la llegada del día en que la conoceríamos. A las 38 semanas de embarazo asisto a mi cita prenatal y luego de hacerme un pélvico, la ginecóloga me dice que estoy en 3cm (cosa que yo no sentía, pues no estaba de parto), y me envía al cuarto de sonogramas, pues quería tomar unas medidas de la bebé, quien ella se sospechaba iba a ser demasiado grande para poderla parir debido a que estuve en el “borderline” para diabetes gestacional. El sonograma dice que pesaría 9 lbs y media, y en ese momento me da todas las órdenes y documentos para encontrarnos en el hospital más tarde, para hacerme una cesárea por sospecha de “bebé macrosómico” (o demasiado grande para parir).9:00pm, nace Ariana Sofía, pesando 7 lbs con 9 oz., midiendo 21 plgs. Tamaño perfecto, cesárea innnecesaria, vientre y corazón marcados por la cicactriz de ésta.
Siempre supe que yo había nacido para parir, y que esta historia no quedaría así, y mucho menos se podría repetir. Mi esposo y yo, ya sabíamos y habíamos decidido que más adelante, cuando estuviésemos listos, buscaríamos al hermanito o hermanita para nuestra Ariana Sofía. En marzo de 2011 recibimos la noticia de que estamos embarazados otra vez. ¡Qué emoción, otro hijo(a), un hermanito(a) para Ariana! Pero algunas semanas después de enterarnos, un fuerte dolor pélvico me obliga a visitar la sala de emergencias y el sonograma revela que no hay nada en mi útero. Posibles razones: el embarazo está en una etapa muy temprana y por eso no se ve nada todavía, o EMBARAZO ECTOPICO. Unos días después, mis temores se confirman: el óvulo se implantó en mi tubo derecho. El embarazo debía terminar. Y lo peor era que tendría que esperar mínimo un año, para volverlo a intentar por los efectos del tratamiento que me habían dado para terminar con el embarazo.
Las semanas siguientes fueron de mucho dolor, tanto físico (por el tratamiento), como emocional. Perdí dos trabajos que tenía en ese momento, a consecuencia de esta pérdida. Y sentía que no me iba a poder levantar.
Para llegar al punto de esta historia, en enero del próximo año comienzo a trabajar en mí misma: ya tenía un trabajo estable y comencé a bajar de peso, el cual había aumentado luego de mi primer embarazo, y más aún luego de la depresión. Este ultimo problema no me había permitdo quedar embarazada con facilidad, y no me había dado cuenta de ello, hasta que luego de perder 30 lbs, como por arte de magia tenemos ese otro resultado POSITIVO, luego de un año de “aquello”.
Estaba llena de muchas emociones, pero sobretodo muchos miedos. ¿Y si me vuelve a pasar? No es hasta que voy a mi primera visita prenatal, a las 6 semanas que veo un pequeño embrión con un corazón que latía vigorosamente en el monitor de sonogramas. Me sentí muy contenta, pero a la vez no quería ilusionarme. Así que no publicamos la noticia hasta casi pasado el primer trimestre.
Tuvimos un embarazo hermoso. Me disfruté de cada detalle: desde las dos o tres semanas que estuve con mala barriga, cada patadita, los “ataques de hipo” que le daban al bebé, hasta las sesiones de fotos al desnudo que me hicieron de la pipa.
A lo largo del embarazo, me enfoqué en buscar profesionales que me ayudaran a lograr mi tan soñado VBAC. Cambié de proveedor como unas dos o tres veces, hasta que gracias a una muy buena amiga mía, y a la partera que había contratado para labor sitting, llegué donde el Dr. Ramón Pérez a mis 35 semanas, y ahí me quedé. Estaba segura que con este equipo, sí lo iba a lograr. Sólo restaba esperar a que bebé decidiera llegar.
No fue hasta el sábado 9 de febrero, a eso de las 3:00pm, de forma inesperada, y luego de un día con mi mamá, haciéndonos pedicuras, y yéndonos de compras, que comienzo a notar que las “contracciones” que había estado experimentando desde varias semanas antes, comienzan a intensificarse y a venir más corridas. Y pienso: “estas pueden ser las de verdad”, y las empiezo a monitorear. Cerca de las 7:00pm me doy cuenta de que ya tienen un patrón de cada 5 minutos o menos, y se hacían cada vez más fuertes. Llamo a mi partera, Diana, para informarle y hacerle miles de preguntas, pues todo esto era algo nuevo para mí, ya que con mi primer embarazo esto fue algo que no se me dejó vivir. Mi partera me dice que siga monitoreando las contracciones, y cada cierto tiempo me llamaba para verificar mi “status”. A eso de las 11:00pm, llega a mi casa y me realiza el primer pélvico. Estaba en 3cm. Decide quedarse un rato para estar pendiente, y alrededor de las 12:30am, estando acostada en mi cama en medio de una contracción, sentí “algo que me bajó”. Rápidamente me levanto de la cama, me meto en la ducha y allí termino de romper fuente.
Las contracciones seguían intensificándose, pero la estrategia que me funcionaba para manejarlas era estar acostada en mi cama, apretarle la mano a mi esposo, y respirar y respirar hasta que pasara. Entre contracciones me quedaba profundamente dormida. Hasta este momento, sólo estábamos mi esposo, Diana y yo, las luces tenues, aire acondicionado prendido, y mucho silencio. Así yo lo quería. Y así transcurre el resto de la madrugada del domingo.
En algún momento de esta madrugada, llegan mis papás, mi hermana y mi hija Ariana, que se quedaba esa noche con mi mamá. Y entre mi esposo y mi mamá se turnaban para acompañarme y apoyarme durante las contracciones, pues tanto él como yo estábamos sin dormir desde el día anterior, y ya él estaba que se dormía sentado.
Cerca de las 5:00am, llegó el Dr. Ramón Pérez, y mi doula Dana, ya yo estaba en 7cm (datos que me informan después, pues no estaba pendiente ni a la hora ni al progreso del parto). Inmediatamente que llega, Dana me levanta de la cama y me pone a hacer “squats” para abrir la pelvis y ayudar a bajar al bebé, y así estuvimos un rato. Al terminar esta sesión de ejercicios, ya la piscina estaba lista y me llevan hasta allá. Ahí estuve otro rato, y fue donde comencé a pujar. Al entrar al agua, estaba a una temperatura que me ayudaba a relajarme entre contracciones. Recuerdo que con la contracción me ponían a pujar, y entre ellas me dormía dejando caer mi cabeza hacia atrás. Mi esposo estaba sentado detrás de mí, desde afuera. Apoyándome y aguantando mi mano todo el tiempo.
Cerca de una hora transcurrió, yo estando dentro de la piscina y pujando, pero no se estaba dando el progreso que esperábamos. Así que deciden sacarme y sentarme en la silla de parto. Es ahí donde comencé a sentir, los efectos de pujar. La presión pélvica se intensificaba cada vez más, y el pujar venía más por instinto que por una opción que pudiera controlar. De ahí transcurre cerca de una hora más, donde nuevamente hacemos ejercicios para abrir la pelvis, pujé de pie aguantada de mi esposo, y de esta misma forma bailamos de lado a lado, ayudando al proceso. Pujé aguantando un paño que tiraron alrededor de la cintura de mi esposo donde él tiraba hacia atrás y yo halaba, pujé sentada, pujé y pujé. De pronto el “anillo de fuego”, me avisaba que Daniel ya estaba ahí…a punto de salir. Con las fuerzas que me quedaban, este 10 de febrero de 2013, a las 9:00am, terminé de traer al mundo a nuestro hijo, quien fue recibido por las manos de su papá, e inmediatamente acogido mis brazos, y el calor de mi pecho ¿Quién mejor para recibir su llegada que los dos seres que más lo amaban? Jamás olvidaré el calor de su cuerpecito acabado de salir de mi vientre, el olor de la combinación del líquido amniótico, con el vernix y demás secreciones, y el sonido de su primer llanto. Y yo….volví a nacer
Daniel Andrés nació en su hogar, recibido y rodeado de las personas que lo aman, nació en paz… ¿Quién no querría nacer así?
Ahora puedo decir que YO LO PARI.

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