Cuando decidí cambiar el rumbo de mi historia: Parto de Sabrina Nahir

Por Madelyn Martínez

Fue grandioso sentir su cabeza, hombros, cuerpo salir de mi. ¡Parí como muchos piensan que no se puede lograr! Olvidé todo dolor. La cara de mis hijos valía un millón, emocionados, viendo como nace una vida, la maravilla del cuerpo humano. ¿Por qué ocultarlas?. Tocaron a su hermana, se conectaron con su mundo. Todo fue a nuestro ritmo, lo demás fue alegría.

Soy una orgullosa madre de dos niños y una niña. Todos mis embarazos han sido planificados y me he educado para ellos, sin embargo a los largo de los años me he dado cuenta que no toda la literatura y los profesionales en el área son de confianza. Necesité tres hijos para darme cuenta de eso, sin embargo, cada experiencia me ayudo a crecer como ser humano y dentro de las circunstancias fue la manera en que pude traer al mundo a mis tres preciados tesoros los cuales amo con todo mi corazón.

En resumen mi primer hijo llegó al mundo luego de un embarazo saludable pero a través de un parto medicado, con episiotomía y presión al vacío (vacuum). Mi segundo hijo llega al mundo, luego de haber dilatado 9 cm, a través de cesaría, la cual considero pudo haberse evitado. Planifico otro embarazo porque así lo deseamos mi pareja y yo. Mi único temor era volver a pasar la experiencia de una cesaría. Me quede con la amarga sensación de que fui presionada a parir y a pujar sin estar preparada. Pensé muchas cosas entre esas puse en duda mis habilidades para parir. ¿Por qué si parir es natural no puede darse el proceso de esa manera? Pues comienzo mi historia del parto de Sabrina Nahir:

Uff!!! A mis 35 años quedé embarazada del primer intento. ¡Que emoción! Comienza mi búsqueda entre temores, incertidumbres y alegrías. Mi ginecólogo no era opción pues no trabajaba vbac, la opción que yo quería. Hago mi cita con el ginecólogo que yo había visitado inicialmente en todos mis embarazos por la cercanía a mi hogar y no continuaba con el debido a que prefería otro hospital. Ese ginecólogo es el famoso Dr. Ramón Perez. Sin embargo nuevamente me voy, aún no estaba segura, y la idea de parto en el hogar todavía no me había convencido por completo. Llegué a otros ginecólogos con los cuales estuve los primeros 6 meses, me atendieron muy bien inicialmente pero en mi búsqueda de orientación y largas noches en las que leía, me orientaba, veía videos para lograr mi vbac, naturalmente me surgieron muchas interrogantes. Sentía que aunque decían trabajar con partos después de cesaria, tenía que pelear literalmente para exigir lo que anhelaba: No intervenciones necesarias, presión para parir a cierto tiempo, la seguridad de que al momento del parto me iba a atender un profesional realmente comprometido con lo que es vbac y parto natural. En una de las citas salí de allí muy desilusionada en busca de más y decidí no darme por vencido.

Buscando opciones llegue a una reunión de ICAN en la que escuchar las historias de otras madres que habían logrado parir luego de una y dos cesarías me lleno de emoción. En ese momento decidí que quería parir en mi hogar para no pasar por protocolos hospitalarios innecesariamente. Por lo tanto, le comunique mi decisión final a mi esposo. ¡Ya yo lo había decidido, nada cambiaría lo que yo quería! Llame nuevamente al Dr. Ramón Perez el cual ya me conocía por mis inconsistencias y esta vez decidida comencé nuevamente. Esta vez mi búsqueda e incertidumbre terminaron por lo que pude comenzar a educarme y orientarme para lo que sería mi parto realmente. Me sentía en paz, dialogaba sobre el tema con quienes me apoyaban e ignoraba comentarios negativos (que siempre llegan). Mi familia cercana nunca me dijo “¡No hagas eso!” Estaba clara en que podía parir en mi casa y que de haber algún cambio a última hora era porque de verdad la situación lo ameritaba. Dialogue con mucha naturalidad sobre el tema con mis hijos y al igual los expuse a videos sobre el parto humanizado. Mi embarazo surgió sin ninguna complicación así es que pude continuar mi vida, trabajo, estudios hasta el último momento. Llegó la semana 37 y pensé mucho ya que mis dos hijos nacieron a este tiempo. Por lo que tuve que hablarme a mi misma, ésta era otra experiencia, nadie me mandaría a un hospital de no ser necesario y el proceso se daría cuando bebé y mi cuerpo decidieran. ¡Esa era la magia!

Mi cuerpo me pedía caminar por lo que me fui de tiendas con mi familia y al otro día lleve a mis hijos a correr bicicletas al parque. Al cumplir 38 semanas me empezaron una leves contracciones las cuales sabía que no eran braxton hicks, estaba emocionada pero sabía que aun no era el momento. Continúe hasta la madrugada del 15 de octubre de 2012 en que me desperté con contracciones dolorosas, a diferencia de mis experiencias anteriores me mantuve tranquila esperando que mi cuerpo respondiera y el proceso avanzara sin la preocupación de pensar en cuando era el momento para ir al hospital. Debido a que no podía dormir me mantuve en el cuarto de la bebe conectándome con mi cuerpo y con ella. A las 5 am tenía contracciones cada 5 a 10 minutos y decidí notificar al médico. A las 7:00 am pasó a visitarme estaba en 4 cm pero al momento el proceso había parado, yo estaba relajada y hasta había dormido.

Ya sabiendo que el proceso avanzaba decidimos mi esposo y yo no ir a trabajar y poner al día algunas cosas. A eso de las 10:00 am comienzan nuevamente las contracciones que al pasar de las horas fueron tomando mayor fuerza, esta vez ya no podía hablar. Alrededor de las 2:00 pm sentí desesperar pero me dije: Madelyn este es el momento que tanto esperaste, lo que querías aun en el dolor, está sucediendo como planificastes sin intervenciones innecesarias en la comodidad de mi hogar. ¡Así es que active mi música, abrí la bañera y busque las burbujas de mis hijos! Me relaje enormemente, ese fue mi momento de disfrutarme el proceso, de sentir mi cuerpo. Mi partera y la doula se comunicaron conmigo telefónicamente y estábamos todos preparados para el momento. Llegaron las 6:00 pm ya yo sabía que el momento era ya! Había tratado de estudiar las asignaturas de mi hijo y tuve que interrumpir, así es que me refugie en la silla mecedora que utilizaría para alimentar a mi bebe. Mis hijos corrían, saltaban con mucha naturalidad. Ellos ya sabían que el dolor que yo sentía era necesario y hasta positivo ya que me ayudaría a traer a mi hija al mundo. Mi esposo ayudaba con las tareas del hogar. Todos nos preparamos nos vestimos, nos bañamos para esperar el momento. Me puse mi tan buscada bata de parto. Nadie me lo dijo que el momento había llegado: yo lo sabía, no tenía dudas pues me había dedicado a orientarme sobre el tema. Estaba manejando el dolor sin la necesidad de nada, tranquila y relajada esperando el momento.

A las 8:00 pm llega mi doula y la partera: estaba en 6 cm! Creo que ya me sentía en un “viaje hormonal”. Llaman a mi doctor y comienzan a montar mi spa! Yo estaba concentrada en mi en mi cuerpo, no me importaba nada más, solo me dejaba llevar. Mis hijos me acompañaban y ayudaban en el proceso. Las caricias de mis hijos eran medicina, me daban vida, fuerzas y energías para seguir. No sentí frio, me vestí como quise, me pare cuando quise, tome y comí lo que mi cuerpo pidió. Los síntomas de parto avanzaban. Mi doula, era un ángel, me consentía, me enseno a bailar mis contracciones, me masajeaba utilizando aceites, aromaterapia, música mientras me hidrataba con agua de coco. Me sentía segura con gente a mi lado que me acompañaban y cuidaban. No tuve que pelear para exigir mis derechos ni preocuparme por procedimientos innecesarios. Las cosas materiales que antes me importaron en ese momento no eran necesarias, no me preocupaba mi apariencia física. Aun con mis dolores estaba plena, era yo misma, conectada con mi cuerpo, haciendo lo que sentía, pidiendo lo que quería en el viaje de mi bebe. Ya estaba en 8 cm, cuando mi hijo de 3 anos anuncio que la piscina estaba lista para mí. No lo podía creer había llegado a donde me llene de frustración en ocasiones anteriores sin ningún inconveniente. Entre a la piscina a parir. La partera y la doula me ayudaron, me sostuvieron, me dieron apoyo. Tenían palabras guías para mis momentos de vulnerabilidad. Fueron mi sostén. El doctor estuvo pendiente de todos los detalles. Yo sabía que estaban allí sin prisa, entregados al parto como yo. Al igual que mi familia, mi esposo, mis hijos. En poco rato la partera con su dulce voz me dijo estas en 10. Pregunte, otra vez, en 10? De verdad no lo puedo creer, nunca nadie me había dicho eso! Me dijeron es tu momento cuando tu digas! sentí escalofríos, nauseas. Pero eso no me asusto ya que mi doctor me había orientado muy bien sobre las etapas del parto. El dolor fue la guía de mi hija hacia el exterior. La doula me dijo siéntelo es tu bebe que quiere salir guíala. Y junto al ritmo de la música, el calor del agua, el sostén de mi doula sentí como mi bebe bajaba y hacía paso al mundo exterior. Fue grandioso sentir su cabeza, hombros, cuerpo salir de mi. ¡Parí como muchos piensan que no se puede lograr! Olvidé todo dolor. La cara de mis hijos valía un millón, emocionados, viendo como nace una vida, la maravilla del cuerpo humano. ¿Por qué ocultarlas?. Tocaron a su hermana, se conectaron con su mundo. Todo fue a nuestro ritmo, lo demás fue alegría.

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Hoy mi Sabrina Nahir, mi tercer retoño, tiene 8 meses y sigo pensando que tome la mejor decisión para mi, la diferencia entre las experiencias anteriores me ayudaron a atesorar este momento aun más. Al parir no me cansaba de exclamar “no lo puedo creer que diferencia en el proceso”. Definitivamente parir es un proceso natural, si bien la medicina y los procedimientos médicos salvan vidas, no debe ser la norma alterar un proceso de parto saludable tan hermoso.

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