Un pedacito del cielo que cambió mi vida pero que no nació como debía.

“Que ironía no, yo era su mamá, la que lo tuvo 9 meses en su vientre y fui la última en verlo dentro de esa sala y solo 30 segundos que a penas me alcanzaron para darle un beso y decirle que lo amaba.”

Por: Franchesca Delgado

En Agosto 2010 a mis 19 años de edad me entero que estoy embarazada. Mi primera reacción fue de miedo, negación y confusión. Estaba comenzando aún mis estudios y tenía tantos planes… siempre soñé con ser mamá pero sentía que no estaba preparada. Llena de miedos voy a mi primera visita con un obstetra que me recomendaron (no me preocupé en averiguar su tasa de c/s ni nada por el estilo, ignorante al fin). Tenía 7 semanas, tan pronto escuché los latidos de su corazón el miedo que tenía se transformó en emoción y amor.

Pasaron las semanas y todo marchó relativamente perfecto, tuve un embarazo bueno y muy saludable hasta que a las 37 semanas me hospitalizaron ya que los latidos de bebé estaban acelerados. Estuve 3 días en el hospital, los latidos se normalizaron y me fui para mi casa. El médico me dice que me vería en mi próxima cita que era en una semana. Ya en mi próxima cita tenía las 38 semanas, me pone las correas para monitoreo y otra vez tenía algunos episodios de aceleración en los latidos de bebé. Era un jueves, el obstetra me dice que me induciría el parto el próximo lunes que ya tendría las 39 semanas, que no había que esperar más y que no quería arriesgarse a que el bebé tuviera un episodio peligroso.

Yo sin educarme y ya “loca por parir” accedí. Lunes a las 6am me reporto en sala de parto, me quedo sola, no dejaron pasar a nadie, me preparan, ponen correas y me dejan sola. A las 9am llega el doctor, me hace un pélvico estaba en 0… Mi cuerpo no estaba preparado para parir. Me indica que me va a introducir un gel para ablandar el cuello y empezar a dilatar. Volvió en 4 horas me hizo otro pélvico y no había cambio, me introdujo otra dosis del gel. A las 7 pm viene de nuevo, en ese instante era hora de visita y mi esposo y mi mamá estaban conmigo, tenía un poco de dolor pero nada fuerte. Me hace otro pélvico y solo estaba en 1cm … estaba tan frustrada. Le dice a mi familia que se fueran a descansar para sus casas porque yo no iba a parir esa noche, que volvieran en la mañana. Pasé una noche horrible, sola, con frío, dolor y con las enfermeras que me decían “mija pide algo para el dolor, no te hagas la fuerte”, pero sinceramente yo sentía que podía con el dolor, no era algo del otro mundo así que no pedí nada y así pasé toda la noche.

Martes a las 5am estaba ya mi esposo afuera y no lo quisieron dejar entrar hasta las 8am. El doctor llega a las 9:30am me hace un pélvico y sólo estaba en 2 centímetros y medio. Estaba destruida pues sabia que me harían cesárea si no había avanzado ya que llevaba 24 horas. Efectivamente me indica que el sabía que no quería cesárea pero no había más que hacer, que ya habían pasado 24 horas y no había progreso. Ahora se que nunca parí porque mi cuerpo no estaba preparado, no parí simplemente porque no estaba de parto.

Me trasladan a sala de operaciones en donde me ponen la epidural, todo ese tiempo estuve temblando muerta de miedo. Por fin dejan a mi esposo entrar y se sentó al lado mío con cara de gato asustado al verme acostada en aquella camilla amarrada, llorosa, con un tubo en la nariz. Empieza la operación, la sensación que sentía era horrible, la presión que sentía en todo mi cuerpo era increíble, a los pocos minutos escucho a una enfermera decir tiene dos vueltas y yo rápido grité que si mi bebé estaba bien que que pasaba y otra enfermera me responde: “tranquila mamá, bebé tiene dos vueltas de cordón en el cuello pero todo está bien” yo estaba histérica solo quería escuchar a mi bebé llorar y verlo. A las 11:35am por fin lo escucho llorar y dentro de todo sentí un alivio inmenso. Ahí mi esposo se va a verlo y tomarle fotos en lo que lo limpian. Que ironía no, yo era su mamá, la que lo tuvo 9 meses en su vientre y fui la última en verlo dentro de esa sala y solo 30 segundos que a penas me alcanzaron para darle un beso y decirle que lo amaba. Se lo llevaron y lo volví a ver a las 6 pm, mi único consuelo fue que a pesar de lo difícil que fue lo pude lactar desde el día uno hasta el sol de hoy. Desde ese día sentía un vacío enorme dentro de mi. 9 meses preparandome para parir, para cumplir mi sueño y me lo arrebataron de mi vientre, me sentía incompleta. Desde ese momento supe que JAMÁS quería pasar por otra cesárea, pero traté de enfocarme en lo feliz que me hacía mi bebé y no pensar en lo demás. Mi Dariel se convirtió en mi todo.

En Puerto Rico del 60% al 80% de los partos son inducidos. Más de la mitad de estos partos terminan en una cesárea ya sea porque la mamá “no progresó” debido a que su cuerpo y su bebé NO estaban listos aún para a travesar el hermoso proceso del nacimiento. Algunos otros terminan en una cesárea “de emergencia” porque el efecto de la pitocina sobre las contracciones hace que el bebé deje de recibir el oxígeno que necesita haciedo que le bajen los latidos de una manera peligrosa para su vida. Muchos en una cesárea “deseada” por la mamá que no tolera los inhumanos dolores causados artificialmente por la pitocina los cuales son muy distintos a los dolores que vienen naturalmente en el proceso del parto. Si te preparas en algún momento de tu vida para parir debes evitar una inducción innecesárea (tan común para los médicos) si quieres disminuir las probabilidades de terminar en una cesárea.

– Yarilís (Doula Bebé)

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